La frialdad que empezamos a desarrollar a principios
de aquel mes fue la que nos llevó al fracaso, a la derrota. No se debió a
ninguna decisión que tomamos, ni siquiera a un hecho relevante. Fue simplemente
el orgullo el que nos llevó a la perdición. Ninguno de los dos admitimos que
llevábamos tanto tiempo queriéndonos que hacía mucho que los días y noches se
confundían, y que ya no sabíamos distinguirlos. Pero tampoco pudimos reconocer
que jamás logramos amar a otras personas
que a nosotros mismos. Tú nunca te quisiste más que a ti mismo, y yo no me enamoré de
otra que no fuera yo.Dedos que rozan mis suaves labios recién pintados dejando en ellos el intenso rastro rojo
domingo, 24 de noviembre de 2013
Autoamor
La frialdad que empezamos a desarrollar a principios
de aquel mes fue la que nos llevó al fracaso, a la derrota. No se debió a
ninguna decisión que tomamos, ni siquiera a un hecho relevante. Fue simplemente
el orgullo el que nos llevó a la perdición. Ninguno de los dos admitimos que
llevábamos tanto tiempo queriéndonos que hacía mucho que los días y noches se
confundían, y que ya no sabíamos distinguirlos. Pero tampoco pudimos reconocer
que jamás logramos amar a otras personas
que a nosotros mismos. Tú nunca te quisiste más que a ti mismo, y yo no me enamoré de
otra que no fuera yo.
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